sábado, 26 de noviembre de 2016

Búsqueda en un mundo muerto

Hola me llamo Rayan, vivo en San Antonio, hace 1 mes que algo a estado ocurriendo aquí y puede llegar a afectar a todo el mundo.

-Día 32 después de la infección y soy uno de los pocos sobrevivientes de San Antonio.
El virus mutó muy rápido, solo hizo falta este mes para que las personas del mundo se infectaran, muriendo y a los 5 segundos resucitando como muertosvivientes y acabando con todo lo que está a su paso.
Vivía en una casa de campo, bastante alejada de la ciudad así que me dio tiempo para preparar todo lo necesario para sobrevivir, estaba preocupado por mi familia que se encontraba en la ciudad de Porlant que quedaba a 1000 km de San Antonio; me prepare y emprendí el viaje hacia allá.

En este momento me encuentro en Cleveland a 500 km de Porlant, estos 32 días han sido terribles, he tenido que matar gente...bueno ya no son gente pero aun así me cuesta, debo seguir mi camino, necesito encontrar a mi familia.
- Día 33. La camioneta en la que estuve viajando se descompuso así que tengo que caminar hasta el centro de la ciudad en busca de un vehículo y alimento.
Tengo que caminar con cuidado porque hay dos ordas de muertosvivientes y si me encuentran me sera difícil escapar de ellos.
Después de varios minutos de caminar...
-Esto sera bueno.-Hurgaba en unas góndolas de supermercado, cuando de repente escucha varios disparos y gritos de ayuda.
-Diablos, ¿que es esto?.-Se pregunto con mucho temor. Recargo su AK-47 y empezó a correr hacia donde se sentían los disparos.
Cuando se acerco vio que era un grupo de muertos vivientes tratando de agarrar a una pareja. De la desesperación empezó a disparar a la cabeza de los muertosvivientes y ellos al sentir el ruido que los "atraía", empezaron a perseguirlo.
- Ay dios!!!-Comenzó a correr hasta llegar a un callejón sin salida. Cuando los muertosvivientes se empezaron a acercar mas, un hombre de tez oscura lo ayudo a subiese a una escalera que se encontraba a su derecha la cual daba a un balcón.
-¿Estás bien?- Preguntó el hombre preocupado.
-Si si si, muchas gracias- Respondí con agradecimiento y nerviosismo.
-Quédate tranquilo que aquí estaremos a salvo de esas cosas. Mejor entremos, ya se hace de noche y se vuelven más activos.
Era una habitación oscura, con apenas una vela con llama muy baja, para no atraerlos, tenia un colchón en el piso sin ninguna sabana y un pequeño inodoro.
-¿Cuanto hace que estas aquí?- Pregunte.
-Tan solo dos días, porque la verdad yo vengo de Porland.
Esa ultima frase resonó en mi mente, el tipo era de Porland, podrías llevarme e indicarme por donde ir y tal vez podría encontrar a mis padres. Sí era perfecto.
-Perfecto, yo voy a Porland...podrías llevarme?- Pregunte desesperadamente.
-No lo se, esta complicado salir de aquí y llegar allá.-Con cara de pensativo.
Entonces me desespere y le conté porque quería ir allí.
-Esta bien!, pero con una condición, saldremos al amanecer en mi auto y no estaremos más de dos horas.
-Gracias!!!, vamos a dormir.
Al amanecer bajamos con mucho cuidado por el balcón y salimos a su auto, el viaje se me hizo muy corto, no sabia con que me iba a encontrar o que iba a atener que hacer, en el peor de los casos...no!, eso no.
-Bueno llegamos, lo que tienes que hacer es meterte entre esas rejas con esto-me paso un cuchillo- porque si disparas atreras a todos, el complejo de cabañas que buscas esta a una cuadra, es imposible que alguien haya salido de ahí, porque cerraron todo al comenzar la infección-suerte, no te demores más de dos horas.
Me bajé del auto nervioso pero a la vez ansioso, antes de llegar al complejo tuve que matar cinco muertosvivientes, los cuales uno casi me muerde.
Al llegar a la reja mi corazón se detuvo, tomo mi cuchillo con la boca y comencé a trepar.
No demore mucho en llegar a la cabaña de mis padres, estaba a punto de entrar cundo oí unos gemidos, nunca imagine lo que vería, mi padre se estaba convirtiendo en  uno de ellos,entre en pánico, no tuve otra opción que matarlo, demore unos segundos en clavarle el cuchillo porque me daba tristeza pero al fin lo hice. Cuando pensé que todo había terminado observe a mi madre caminando hacia mi, ella también era una de esas cosas, demore en asimilar la situación pero con todo el dolor de mi corazón tuve que hacerlo.
Cuando estaba caminando hacia la reja, escuché un llanto que provenía de la cabaña a mi derecha, con cuidado entre y al entrar al cuarto, bajo la cama me encontré con un niña.
-Hola, tranquila, ven yo te cuidare, vayámonos de aquí.-La niña tomo mi mano y se subió a mi espalda.
Día 50: Daniel(el hombre que me rescato) y Julia(la niña) y yo nos dirigimos a San Diego, posible lugar sin infección.

Sofía Sandrone



No hay comentarios.:

Publicar un comentario